El gato de Prachuap. Mi homenaje al mundo animal
Todo aquel que me conozca mínimamente sabrá que amo a los animales. Los quiero porque salvo perversas excepciones siempre logran sacar lo mejor del ser humano. Ofrecen un amor puro y desinteresado, a pesar de que su propia supervivencia dependa del capricho humano (en el caso de los animales domésticos). Sin miedo a equivocarme diría que la “humanidad”, esa que debería venir de serie en cada uno de nosotros, ya que el término alude directamente a nuestra propia naturaleza y condición como seres que habitamos en este planeta, es una cualidad mucho más corriente y abundante entre todos aquellos seres vivos, que sin tener nuestra capacidad de raciocinio, consiguen nuestro reconocimiento y admiración diarios por la sinceridad de sus acciones. En el Sudeste Asiático sentir tanto apego por los animales se puede convertir en un problema. Perros y gatos con sarna, con heridas abiertas e infectadas, sedientos y desnutridos… son solo algunas de las innumerables situaciones que contemplo a diario mientras camino por la calle. Pero a pesar de todo, de que tengan hambre, sed o sientan un dolor profundo que puede que termine con sus frágiles vidas, siempre me obsequian con una mirada sincera y reconfortante que, sin duda, hace que me sienta un poquito más humana. Uno de los mejores regalos que hoy en día se pueden hacer.
Pinit, el hombre que deseaba enamorarse
Todo ha sucedido tan rápido que casi no me ha dado tiempo a asimilarlo. En menos de 24 horas nos conocimos, me abrió su corazón y me dijo que quería compartir su vida a mi lado, ¿estás cosas ocurren?, ¿de verdad hay personas con una sensibilidad tal que son capaces de enamorarse de otra sin apenas conocerla? Si existen, Pinit es una de ellas.
Viajar, nunca me cansaré de repetirlo, no solo consiste en hacer turismo en busca de paisajes memorables y buenas fotos. El lado más humano, el que te proporciona conocer a personas del país que se visita o a otros viajeros con los que compartir tus pasos a lo largo del camino, es más enriquecedor que pisar el suelo del mismísimo foro romano.
Pinit es un hombre tailandés de 57 años. Hace unos treinta que se dedica a ser guía turístico en Prachuap Khiri Khan, una localidad sureña de cielos absolutamente embriagadores. Aquí vive cuidando a su madre de 80 años, al tiempo que sale a la calle en busca de nuevos turistas a los que orientar y, en ocasiones, sólo en ocasiones, de los que enamorarse.
Hace 10 años encontró el amor en los brazos de una mujer finlandesa de la cual aún sigue enamorado y de la que se emociona con tan sólo tocar el mechón de pelo rubio que ella misma le envió dentro de una carta hace más de ocho años.
A las 17 horas de una tarde de abril nos recibe en su salón de estilo vintage, nos invita a sentarnos e inmediatamente comienza a crear un collage sobre la mesa de madera con alguna de las miles de postales que guarda celosamente dentro de un enorme armario. Todas esas postales, procedentes de diversos rincones del mundo, fueron enviadas por turistas como nosotros, hoy anónimos, a los que seguro también enseñó las postales que entonces atesoraba.
Personas fugaces, que pasaron por su vida durante apenas unas horas o días, que le dieron y le dan la oportunidad de emocionarse a diario mientras habla sobre sus vivencias, a los que canta algunas canciones melancólicas como Sayonara Japanese Goodbye, y de los que, como decía antes, en ocasiones se permite enamorarse.
Su historia no es otra que la de un hombre en busca de un amor puro, verdadero, sin tapujos… similar al que él está dispuesto a ofrecer. Pero la vida le ha sido ingrata, o no, y aún no le ha brindado la oportunidad de compartir ese sentimiento intensamente. Tal vez sea porque está tan obsesionado por encontrar a esa persona especial que se ha olvidado de lo verdaderamente importante… dejar de soñar y empezar a vivir.
Vivir el día a día haciendo lo que a cada uno le hace feliz. Cantando si te gusta cantar, caminando si te gusta caminar, viajando si te gusta viajar. Sólo haciendo lo que a uno le hace sentirse pleno y verdadero es cuando podrá encontrar la felicidad y transmitirla. Felicidad en compañía o en soledad, pero al fin y al cabo FELICIDAD.
Ser mochilero. Consejos para viajar ligero
En los viajes es fundamental la planificación, por mucho que algunos se empeñen en pensar lo contrario. El hacer una simple lista de cosas imprescindibles que llevar en la mochila, por ejemplo, puede hacernos la vida mucho más fácil o incluso salvárnosla en según qué circunstancias. Más aún si el destino que se va a visitar es de naturaleza hostil o poco turístico.
Este artículo, que en primera instancia iba a hablar sobre la capital de Camboya, está dedicado a mi inseparable compañera de viaje, que me ha proporcionado más de uno, dos y tres quebraderos de cabeza. Y es que el hecho de volver a Bangkok y reencontrarme con mi primera mochila repleta de ropa de invierno, me ha hecho recordar la importancia que tiene viajar con un equipaje sencillo y bien organizado a la espalda.
¿SER MOCHILERO CON 20 KILOS A LA ESPALDA? NO, GRACIAS
Lo primero que hay que saber es que ser mochilero “mola” hasta que tienes que cargar con la mochila al hombro. Cuando llevas caminando un par de horas sobre hielo, barro o arena con 16 kilos a la espalda, lo que quieres es abandonarla en cualquier sitio. Poco importa no tener diez camisetas para no repetir modelo a diario, os lo aseguro.
Al principio del viaje mi mochila pesaba 12 kilos (demasiados), un mes más tarde 14 kilos y dos meses después 16 kilos. ¡¡STOP!! No podía continuar sumando peso… cada vez que teníamos que desplazarnos era un pequeño trauma. Mi espalda se resentía rápidamente y mentalmente era agotador pensar en caminar con varios bultos por aceras repletas de gente o utilizar el transporte público.
A nuestro viaje se le añadía la peculiaridad que íbamos a visitar países con temperaturas extremas a uno y otro lado de los ceros grados centígrados: Rusia y sus insufribles -40 grados y Laos con sus agotadores +40 grados. Una locura. Cargar con ropa térmica cuando estás a 35 grados a la sombra es un poco ridículo, por lo que decidimos enviar una caja a casa y descargar peso.
¿QUÉ ROPA ES MÁS ADECUADA?
El factor fundamental que hay que tener en cuenta a la hora de hacer una maleta/mochila no es otro que el tipo de clima del lugar que vamos a visitar. ¿Frío?, ¿Templado?, ¿Caliente?. Dependiendo de la respuesta, es probable que nuestro equipaje sea más o menos voluminoso, ya que la ropa de invierno ocupa mucho más que la de verano.
Pero no hay que desesperar. Si se piensa bien y se eligen las prendas adecuadas para el tipo de viaje y turismo que vamos a realizar, seguramente nuestra compañera no sea tan pesada y no nos amargue el viaje, al menos no más de lo estrictamente necesario. Para ello hay que intentar por todos los medios dejar en el armario todo lo que no sea imprescindible. Piensa que si hay algo que necesites siempre podrás comprarlo allá donde estés viajando y que, aún sin necesitarlo, alguna comprita que otra harás.
IMPRESCINDIBLES DENTRO DE LA MOCHILA
- Artículos de higiene personal: cepillo de dientes, desodorante, gel, champú… Muchos de estos productos se encontrarán en algunos de los hoteles/hostales en los que se duerme por lo que no hay que cometer el error de comprar frascos grandes y pesados con los que tener que cargar durante días o meses.
- Medicamentos: yo llevo un botiquín muy básico. No soy una persona que enferme con facilidad y no me gusta medicarme por lo que tan sólo llevo tiritas, Ibuprofenos y aspirinas
. Al fin y al cabo, farmacias y centros de salud suele haber en todos los sitios. El seguro médico SÍ que es imprescindible.
- Pareo: el uso que se le puede dar a esta prenda es impresionante. No solo puede actuar como toalla para la playa, también puede ser un bonito vestido, manta para protegernos del chorro helado de aire acondicionado de los autobuses, cubre colchones o almohadones (en el caso de dormir en sitios donde la limpieza brille por su ausencia), pañuelo para el sol o para cubrirnos los hombros o piernas si se va a visitar algún lugar de culto, muy típico en Asia.
- Protector solar: tanto en climas fríos (en un viaje a esquiar) como en los más calurosos es imprescindible llevar una buena crema que nos proteja del sol.
- Ropa interior: no hay que volverse loco metiendo bragas, calzoncillos y sujetadores. Cuantos más llevemos, más pesada será la mochila y no es lo que queremos. En este viaje he hecho un descubrimiento. Mi ropa interior son bikinis, que se pueden lavar y secar rápidamente. Ligera como el viento…
- Chubasquero: nunca se sabe cuándo va a llover a cántaros y mejor ir preparados por si no encontramos un lugar bajo el que resguardarse o necesitamos proteger nuestras mochilas de mano con el equipo fotográfico dentro.
¿QUÉ ROPA LLEVAR PARA DESTINOS FRIOS?
Es en estos casos en los que recabar información acerca de qué vamos a poder necesitar mientras estamos de viaje puede convertirse en un factor fundamental para poder disfrutar de la travesía y no arruinárnosla.
Por ejemplo, si se quiere hacer el Transiberiano durante el período invernal hay que ser consciente de las bajas temperaturas que vamos a tener que soportar. A medida que nos vayamos adentrando en Siberia, los grados irán descendiendo paulatinamente hasta llegar en algunos casos hasta los -30 ó -40 grados centígrados. Es por ese factor fundamentalmente por lo que conviene estar mentalizado y preparado para no quedarnos congelados a las primeras de cambio.
Cuando nos exponemos a temperaturas tan bajas es fundamental abrigarnos con ropa térmica de cierta calidad. Entre las prendas que recomendaría meter en la mochila incluiría:
- Al menos una camiseta térmica transpirable que evite que se escape el calor que produce nuestro cuerpo al tiempo que evapora el sudor que producimos. Yo utilicé dos durante mi viaje, una de la marca Trangoworld y otra de Under Armour. Ambas fueron perfectas y en días de frío menos intenso no necesitaba ponerme ni siquiera el jersey o forro si las combinaba con el abrigo. Si os decidís a comprar una de ellas, tener en cuenta que cada fabricante produce varios modelos, cada uno adecuado para temperaturas más o menos extremas.
- Un abrigo que nos aísle del frío exterior y que actúe como impermeable y cortavientos. Yo me llevé para el viaje mi chaqueta de esquiar y me vino como anillo al dedo durante los primeros días, que fue cuando nos llovió, ya que era impermeable. Después, me compré un plumas por el camino y me hizo el servicio para el resto del trayecto, aportándome el extra de calor que echaba de menos cuando utilizaba la cazadora de esquí (tercera capa), la cual es adecuada para temperaturas más moderadas.
- Unas botas impermeables que mantengan el pie caliente. Creo que esta es una de las cosas más difíciles de conseguir. Yo, que siempre tengo lo pies fríos en invierno, pensé que tendrían que amputármelos por el camino pero por suerte no fue necesario, aunque no hubo pocas veces en las que no sentía ni uno solo de mis dedos. Es fundamental que la suela de la bota que vayamos a usar nos levante varios centímetros del suelo ya que el frío sino terminará transpasándola y llegando hasta nuestro pie. Es importante que lleve algún tipo de membrana impermeable para que cuando pisemos durante horas sobre nieve nuestros piececitos no terminen calados. Las botas que me compré en el Decathlon me hicieron muy mal servicio porque la suela era ridícula, demasiado fina. Todo cambió cuando me compré unas plantillas de esparto que venden por los mercadillos de las ciudades y que me elevaron un par de centímetros del suelo.
- Unos guantes, gorro y orejeras son los accesorios imprescindible para este viaje, sin ellos se te quedarán congeladas las extremidades y las ideas.
¿QUÉ ROPA LLEVAR PARA DESTINOS CÁLIDOS?
Destinos con temperaturas altas son buenos amigos de las mochilas más ligeras. A parte de los “imprescindibles” citados anteriormente incluiría: unas chanclas, unas cuantas camisetas de tirantes, un par más con hombreras, dos bermudas, un pantalón largo y una sudadera de invierno, para los días fríos o para los trayectos en transporte público con aire acondicionado. Por último, un sombrero puede venir de perlas en los días de calor intenso.
MOCHILA: ¿CUÁL ES LA MÁS APROPIADA?
Este es un tema importante ya que la capacidad de la mochila y su ergonomía nos ayudará a disfrutar de la travesía o todo lo contrario. La teoría dice que la mochila ideal es aquella que mejor se adecua a nuestra estructura física y a la actividad a desarrollar.
Cuando somos mochileros, hay que cargar con el peso de nuestra mochila allá dónde vayamos por lo que a pesar de que comprar una mochila de 60 litros (mochila roja) parezca una gran opción para un viaje largo debido a su gran capacidad, a mi parecer no lo es. Cuanto mayor es la mochila, más cosas meteremos en ella y, además, tendremos que facturarla en los vuelos que cojamos, por lo que no podremos “colarla” como equipaje de mano.
Mi recomendación es llevar una mochila de unos 30 ó 35 litros (mochila verde) y no sobrepasar esta capacidad. Si se organiza bien el equipaje, todo debería de entrar sin problemas e, incluso, sobrar algo de espacio para posible regalos.
Si el viaje es a países fríos, seguramente tengamos que aumentar ligeramente la capacidad de la misma, ya que la ropa de invierno es más pesada y voluminosa, pero os aseguro que una mochila de 60 litros no es la mejor opción, a no ser que tengáis una complexión física parecida a la de Stallone en sus mejores tiempos.
CONSEJO FINAL: Una mochila pesada puede convertir una experiencia maravillosa en un auténtico suplicio, por lo que intentad llevar el mínimo equipaje posible cuando comencéis el viaje porque siempre, SIEMPRE, compraréis nuevas cosas sobre la marcha, necesarias o no.
De visita a 4.000 islas, la “playa” de Laos
Al sur de Laos, haciendo frontera con Camboya, se encuentra las 4.000 islas, una de las zonas más famosas y visitadas por turistas procedentes de todas partes del mundo que vienen al pais con diferentes pensamientos: unos pretenden conocer el lado más rural, otros salir de juerga mientras se toman “happy shakes” a diestro y siniestro y la gran mayoría que simplemente quiere descansar unos días en la denominada “playa” de Laos.
La llamada Si Pha Don, o como se conoce en los circuitos turísticos: 4.000 islands, es uno de los must del país laosiano debido, fundamentalmente, a su privilegiada situación. Su isla más cercana se encuentra a escasos 20 km de distancia de la frontera con Camboya, por lo que muchos viajeros con días libres aprovechan para ir y sumar un sello más en su pasaporte.
Tres son las islas más conocidas del archipiélago: Don Khong, Don Det y Don Khon. Cada isla tiene su propia idiosincracia y ofrece un turismo diferente, por lo que es muy difícil no encontrar una hecha a nuestra medida. Las hay más turísticas, más locales, más fiesteras… pero lo que seguro se podrá hacer en todas es darse un respiro en soledad, mientras se pasea entre arrozales o se disfruta de una buena novela tumbado en una hamaca.
La primera de las islas que recomendaría si se quiere gozar de un turismo más local, con pocos extranjeros a nuestro alrededor que rompan la magia del lugar, es Don Kong. Es la isla más grande del archipiélago y, por alguna extraña razón, a día de hoy está poco orientada y adaptada al turismo masivo. De hecho, queda excluida de un alto porcentaje de itinerarios por falta de tiempo o desconocimiento, ya que la mayoría de viajeros optan por ir directamente a cualquiera de sus dos vecinas, más pequeñas pero con más renombre.
Su población principal apenas cuenta con una docena de guesthouse y restaurantes en los que poder dormir y comer a un precio económico (7-10$ la habitación doble; 2,5$ un plato de arroz acompañado por un batido). El resto de construcciones que hay desperdigadas por toda la isla pertenecen a laosianos que pasan las horas atendiendo a su negocio familiar a pie de calle o refugiándose del asfixiante calor en los bajos de sus casas.
Para recorrer Don Kong lo mejor es hacer un recorrido circular en bici o en moto por la carretera que la rodea e ir parando aquí y allá gritando “Sabadiiiiiiiii”, mientras se saluda a niños, perros, gatos, cerdos, cabras y todo bicho viviente que se cruce en el camino.
Don Kong está conectada con Don Det y Don Khon por un solo ferry que hay todas las mañanas. Durante el trayecto en barco se puede observar cómo es el Mekong, uno de los ríos más grandes de toda Asia, a su paso por Si Pha Don. Existen miles de islas esparcidas por sus aguas, de ahí el nombre de esta zona. Algunas tan sólo son bancos de arena o rocas de dos metros de ancho por dos de largo.
La isla más popular es Don Det. Si se reflexiona acerca del hecho de que aquí hace apenas unos años no había electricidad, uno se queda pasmado con el desorbitado desarrollo turístico al que se ha visto sometido la isla. Bienvenido a “guirilandia”.
Extranjeros por todas partes, gesthouses por doquier, restaurantes con menús a precios algo elevados y mucha, muchísima marcha nocturna. Si este último es el objetivo del viaje, este es el lugar adecuado. Como peculiaridad decir que en la mayoría de bares preparan comida o batidos “happy”, lo cual indica que están elaborados con marihuana.
Pero en Don Det no solo hay fiesta. Si nos alojamos de la calle principal del pueblo y caminamos hacia el interior, descubriremos la isla como se presume que era antaño. Niños que corretean por la calles, búfalos con los que poder tomar un baño y un bello paisaje de arrozales, aunque seco en el momento en el que yo he estado.
A diferencia de Don Kong, en Don Det existen infinidad de agencias turísticas en las que contratar actividades de diversa índole: excursiones en piragua, alquiler de flotadores o “tubing”, visita a cataratas o alquiler de barca para ir a ver delfines.
La tercera de las islas del archipiélago de Si Pha Don es Don Khon. A esta última podríamos considerarla como una mezcla de las dos anteriores. Ambas islas están conectadaspor un puente de hormigon, vestigio del colonialismo frances que décadas atrás vivó en esta zona con el fin de sacarle un provecho comercial.
Es muy agradable recorrer en bici cada metro cuadrado de su superficie a través de la antigua vía de tren. Desde ella se puede acceder a las cataratas de Somphamit Water Falls para más tarde dirigir nuestros pasos hasta el punto desde el cual se puede avistar los delfines de Irawadi, uno de los pocos que habitan en las aguas de un río y que están en peligro de extinción. Los avistamientos no estaban garantizados pero tuvimos la suerte de verlos a lo lejos (recomendable el uso de unos prismáticos).
Desde Pakse se puede visitar esta zona desplazándose en bus durante un trayecto de dos horas de duración por el módico precio de 40.000-50.000 ribts. Si se dispone de un total de cinco días o una semana, será tiempo suficiente para poder explorar las tres islas y sacar nuestras propias conclusiones de estas tres joyas ribereñas situadas en mitad de la arena.
Cueva de Konglor, el corazón salvaje de Laos
No es la primera vez que hablo en mi blog sobre mis debilidades. Si en su día ya cité a Nora Roberts e Irlanda, hoy es el turno de los parajes naturales y las cuevas. Creo que este gusto por visitar “túneles subterráneos” me lo ha contagiado mi hermana, la cual acumula en su haber un buen curriculum de visitas nacionales.
Cuando trazamos nuestro itinerario de viaje por Laos, las únicas visitas que teníamos claras eran: Luang Prabang (al norte), Konglor (en el centro del país) y 4.000 islands (al sur). De ellas, sin duda, Konglor es la menos turística y popular. Su complicado acceso y situación, hace que quede excluida de la mayoría de itinerarios viajeros.
Bajo un sol de justicia llegó el momento de abordar nuestro segundo destino estrella, aunque sería más correcto calificarlo como aventura estrella ya que llegar hasta allí y la propia actividad que se realiza es como hacer un Transiberiano de dos días de duración a 35 grados a la sombra. Agotador pero gratificante.
La cueva de Konglor es, sin muchos titubeos, una de las más espectaculares en las que he estado. Dentro de la zona nacional protegida de Phou Hin Boun, se encuentra esta maravilla de la naturaleza de más de 7,5 Km de longitud. Se trata de una cueva fluvial de piedra caliza, atravesada por el Río Hin Phou, con paredes de más de 100 m de altura en algunos tramos.
Las visitas comienza a las 8 de la mañana y se alargan hasta las 17 horas. A la llegada, lo primero que hay que hacer es comprar el ticket de entrada al recinto (5.000 kips) y buscar a otras personas con las que compartir el barco, para que el trayecto sea más económico (100.000 kips es el precio de la barca a repartir entre un máximo de tres personas).
Durante la siguiente hora y media se puede contemplar un paisaje de gran belleza, con tramos que transcurren dentro de la cueva, entre estalagmitas y estalactitas, prácticamente a oscuras, y otros exteriores en los que poder tomar un baño al final de la visita.
El recorrido es a bordo de la barca, salvo los tramos en los que debido al escaso nivel del agua y a la poca profundidad hay que bajarse y empujar (por lo que llevar chanclas es la mejor opción). Además, durante diez minutos se pueden estirar las piernas admirando el interior de la cueva por un recorrido iluminado, ideal para tirar fotos y contemplar sus milenarias formaciones rocosas.
Una vez fuera, justo a la entrada de la cueva, se encuentra el poblado de Ban Natane. Allí es posible conocer el Laos más rural y ver cómo viven sus habitantes, completamente aislados de la civilización y con la conexión a internet más cercana a 45 km de distancia.
Es una delicia pasear por sus “carreteras” de tierra, embriagándose con el intenso color verde de los campos de cultivo que se suceden a uno y otro lado del camino. Además, se puede hacer Homestay, es decir, dormir en la casa de los habitantes del poblado, lo cual resulta muy interesante porque te permite interactuar con ellos y compartir plato a la hora de las comidas. Nosotros no encontramos ninguna familia dispuesta a alojarnos por lo que tuvimos que conformarnos con una Gesthouse de las muchas que existen.
Para llegar a Konglor desde Vientiam empleamos un día y medio. Primero viajamos en autobús hasta Thakhek, dormimos allí, y al día siguiente cogimos un bus a Nahin, una población a tan sólo 45 km de distancia de la cueva, desde la que hay que coger un minivan para llegar. Vamos, una auténtica odisea como la de Homero.
Según he leído, también es posible llegar a Konglor realizando un circuito en motocicleta de varios días por el centro de Laos conocido como “Loop” o, si se viaja de norte a sur, coger un bus directo desde la capital de siete horas de duración. Si existe, desde luego que es la mejor opción.
Vang Vieng, el lugar más controvertido de Laos
¿Conocéis la sensación que se tiene cuando te han hablado tanto de alguien que, aunque no lo conozcas en persona, es como si fuera tu amigo de toda la vida? Lo mismo me ocurrió con Vang Vieng, una ciudad situada al norte de Laos, a medio camino entre Luang Prabang y Vientiam.
Todo aquel con el que nos encontrábamos que había estado en Laos nos hablaba de Vang Vieng y lo cierto es que comenzábamos a coleccionar un sin fin de opiniones de lo más diversas y variopintas. Desde algunos que la denominaban la ciudad de la fiesta por excelencia, hasta otros que la calificaban de ciudad fantasma.
Con mucha curiosidad, Vang Vieng nos dio la bienvenida un jueves noche. ¿Nos vamos de marcha? Mejor no, que había que descansar del viaje desde Luang Prabang, que si no había sido el peor de mi vida, poco le faltaba. Un total de 230 km de auténtico terror por una carretera de curvas infinitas a lomos de un autobús que apenas frenaba.
Además, al día siguiente nos esperaba disfrutar de la actividad que convirtió a esta ciudad en un destino con renombre internacional: el tubing. Allá por el año 2005 comenzaron a crearse las primeras empresas que alquilaban flotadores para deslizarse por las aguas del Río Nam Song, al tiempo que se paraba en los numerosos bares, pubs y discotecas que había en la orilla. Divertido ¿verdad? Permitidme que os ponga en antecedentes…
CUALQUIER TIEMPO PASADO NO SIEMPRE FUE MEJOR
A pesar de que la idea de deslizarse río abajo subido en un flotador, mientras se bebe alcohol a espuertas no es lo más prudente que se pueda escuchar, las autoridades locales no tomaban cartas en el asunto y Vang Vieng pasó de ser un paraíso natural a convertirse en un popular destino de mochileros de todo el mundo cuyo único objetivo era emborracharse y salir de fiesta, ya que aquí el precio del alcohol y demás sustancias era bastante económico.
Como consecuencia, tan sólo en el año 2011 alrededor de 27 personas perdieron la vida en el río. Las muertes, lejos de cesar, continuaron aumentando en 2012. Es común escuchar leyendas urbanas o no tan urbanas sobre cuerpos inertes flotando río abajo o personas borrachas, que apenas pueden guardar el equilibrio, deambulando por las calles.
Tras la muerte de dos turistas australianos que ocuparon los titulares de algunos diarios internacionales durante el verano del 2012, los gobiernos de otros países comenzaron a presionar a las autoridades laosianas para que pusiera fin al descontrol de la última década.
En el mes de noviembre de ese mismo año, el gobierno local decidió cerrar la mayoría de bares que había en el río, erradicar la venta de drogas, exigir licencias a las empresas de deportes de aventura y obligar a todos los bares a cerrar sus puertas a las 23 horas.
VANG VIENG EN LA ACTUALIDAD
Hoy Vang Vieng es otra, o al menos no es el mismo lugar que nos habían contado. Los días en los que se podían ver a hordas masivas de mochileros en busca de sexo, drogas y rock&roll han quedado atrás para dar paso a un turismo más selecto, en el que el verdadero protagonista es su impresionante paisaje, que consigue dejarle a uno con la boca abierta.
Hacer tubing está permitido, pero con prudencia. Al alquilar el flotador hay que rellenar una serie de datos personales. Después, escriben en tu mano el número del flotador que te asignan y te identifica (¿en caso de muerte fatídica?). Una vez en el agua lo único que atrapa mi atención es el increíble paisaje que desfila ante mis ojos, mientras giro en uno u otro sentido, dejándome llevar libremente por la corriente del agua.
Todavía existe un puñado de bares abiertos, apeados a la orilla del río, en los que poder tomarse algo y escuchar música. De hecho, vimos a varios bañistas cerveza en mano deslizándose por las aguas del Río Nam Song, pero ninguno estaba ebrio. Todos parecían disfrutar con la situación y del entorno de manera controlada. Al fin y al cabo, cada uno debería saber lo que se hace, ¿no?
En origen, el turismo llegó a esta ciudad de la mano de viajeros amantes de la naturaleza, que querían practicar escalada o espeleología, mientras se relajaban en una atmósfera de tranquilidad y conocían el lado más rural del país. Hoy Vang Vieng quiere volver a esos tiempos, pero en ocasiones es inevitable escuchar música dance de fondo procedente de alguno de sus numerosos pubs. Poco a poco, que Roma no se construyó en un día.
Ceremonia de entrega de almas en Luang Prabang
Ya hace una semana que abandoné Luang Prabang y sin embargo parece que fuera ayer cuando caminaba por sus calles en soledad con el único propósito de captar la esencia del Laos de “andar por casa” a través del objetivo de mi cámara. Lo cierto es que no fue tarea difícil a pesar de los innumerable turistas que deambulan por sus calles a diario. De manera inexplicable, la joya del norte renuncia a perder su identidad, sus orígenes y sus tradiciones. Sin duda en este aspecto radica su grandísimo atractivo.
Desde el año 1995 la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es por ello que es considerada sin duda el corazón de la cultura laosiana. Una de las tradiciones más arraigadas y más conocidas de todo el país es la llamada Ceremonia de entrega de almas. Tiene lugar cada mañana entre las 5:30 y 6:30 horas por las calles principales de la ciudad.
Durante la ceremonia, cientos de monjes salen de sus templos y monasterios para recorrer las calles recolectando los alimentos que les ofrecen lugareños y turistas para su consumo diario. Para ello, previamente todos aquellos que quieren hacer una ofrenda en forma de comida a los monjes, se sientan en las aceras en espera de que una fila infinita de túnicas color azafrán haga su aparición en escena.
Más tarde, en perfecto orden y silencio, todos los monjes, desde los más jóvenes a los más ancianos, pasan por delante de todas aquellas almas caritativas que, arrodilladas, llenan poco a poco sus cestos con arroz, fruta y galletas, entre otros alimentos. Sin embargo, si se quiere participar en la ceremonia hay que tener cuidado con la comida que se compra para la ofrenda ya que algunos monjes han resultado intoxicados tras comer comida caducada o en mal estado.
No es de extrañar que en Luang Prabang pueda presenciarse una ceremonia como ésta ya que la ciudad está considerada como el centro de aprendizaje budista más importante de Laos.
En definitiva, muy pocas veces mereció tanto la pena madrugar y poder vivir un acto repleto de espiritualidad que esperemos no se desvanezca con el paso del tiempo o se convierta en un mero reclamo turístico. Confiemos en la filosofía de una ciudad que, por el momento, ha logrado encontrar la perfecta consonancia entre el turismo creciente y la conservación de las tradiciones ancestrales.
Mi itinerario de viaje por Asia

Países visitados:
Lituania > Letonia > Rusia > Corea del Sur > Japón > Taiwan > Filipinas > Tailandia > Laos > Camboya
Como se dice en España, una vez más he empezado la casa por el tejado. Soy un completo desastre. El post que os presento hoy debería haberlo publicado unos cuatro meses atrás, el momento idóneo para hablaros del recorrido que iba a hacer por el continente asiático durante los siguientes meses. Pero sabéis qué, menos mal que no lo hice.
Hemos cambiado tantas veces el recorrido del viaje como vidas tiene un gato. Primero íbamos a hacer el Transmongoliano y luego nos decantamos por el Transiberiano. Queríamos recorrer China durante un mes y al final nos fuimos a Corea del Sur y Japón. Inicialmente, India y Nepal eran dos países de visita obligada y terminamos en Taiwan y Filipinas. Qué caos, ¿no?
Ahora sí, os presento el itinerario definitivo que hemos hecho hasta el momento y con el que finalmente creo que hemos acertado en todos los aspectos.
COMIENZO DEL VIAJE: LITUANIA, LETONIA Y LLEGADA A RUSIA
Todo empezó en Lituania, bueno, en realidad fue en Barcelona con la huelga general planeada para el 14 de noviembre, el mismo día que volábamos a Vilnus. Sin tenerlas todas con nosotros llegamos al aeropuerto de El Prat y nos dieron la buena nueva, nuestro vuelo no había sido cancelado, así que cargamos con la mochila al hombro y rumbo a Europa del Este.
En la capital de Lituania pasamos dos días antes de nuestra primera gran aventura del viaje: el Transiberiano. Desde España buscamos la opción más económica para llegar a Rusia y es por ello que volamos con Ryanair a Vilnus y de ahí cogimos un autobús que nos llevaría hasta San Petersburgo, previa parada en Riga. En San Petersburgo estuvimos cinco días antes de iniciar el Transiberiano, el tren que recorre Rusia de este a oeste, o viceversa.
> El comienzo: Lituania, Letonia y llegada a Rusia
> San Petersburgo: monumental y humana
TRANSIBERIANO: ATRAVESANDO SIBERIA EN INVIERNO
Desde Moscú, y con la imagen de la Plaza Roja aún en nuestras retinas, tomamos el primer tren de los muchos que vendrían después de camino a nuestra última parada, Vladivostok.
Si se decide llegar a la otra punta del país sin bajarse del vagón, se habrá pasado un total de siete días dentro del tren. Nosotros queríamos ir parando entre medias y conocer el país paulatinamente. Estas fueron las paradas que realizamos:
> Moscú: visión personal de la capital de Rusia
> Rusia en tren: Kazán, Ekaterimburgo y Tomsk
> Recorriendo Siberia en invierno: Irkutsk
> El lago Baikal en invierno. Un paisaje insólito
> Última parada del Transiberiano: Vladivostok
COREA DEL SUR Y JAPÓN: LA ALTERNATIVA PERFECTA A CHINA
Tras casi un mes de viaje sobre aceras congeladas llegamos a Vladivostok sin el sello del visado a China en nuestros pasaportes ya que en el consulado de Irkustk nos dijeron que solo lo gestionaban a ciudadanos rusos. ¿Qué podíamos hacer? Las opciones eran variadas y la idea de coger un ferry de un día para llegar a Corea del Sur fue tomando fuerza poco a poco.
Aunque hubiésemos preferido llegar por tierra, la situación política actual en Corea del Norte nos impidió visitar el país y atravesarlo para llegar hasta su “querida” vecina. Es por ello que tuvimos que reservar dos literas en el ferry con destino a Donghae.
En Corea del Sur pasamos dos semanas empapándonos de Seúl, una ciudad muy interesante, viva, con sabor “Made in Asia” y en la que vivimos una Nochebuena muy especial. Luego vinieron Gyeongju y Busan, desde donde volamos al siguiente país es la lista: Japón.
Japón es único. Da igual que sea la primera vez que lo visitas o la decimocuarta, siempre habrá actividades nuevas que hacer y lugares nuevos que conocer. Nuestro itinerario contemplaba conocer Tokio, Kioto, Osaka e Hiroshima. En la capital nos dieron las uvas, y nunca mejor dicho, en compañía de mi madre y de la hermana de mi compañero de viaje, Kamilla. Sin duda, ellas hicieron que el país del sol naciente haya sido uno de los más especiales del viaje.
TAIWAN Y FILIPINAS: UN CAMBIO DE PLANES
Según el planning inicial, teníamos poco más de un mes para llegar al Sudeste Asiático, ya que India y Nepal también se habían caído de nuestro itinerario. Por tanto, contábamos con tiempo suficiente como para incluir destinos más “exóticos”, si se me permite la expresión, muy cercanos geográficamente a Japón y con vuelos relativamente económicos.
Sin pensárnoslo dos veces, reservamos nuestros billetes con destino a Taipei, la capital de Taiwan. Como en un principio no teníamos en mente visitar el país, lo cierto es que no sabíamos muy bien qué ver y hacer. Finalmente, las dos semanas que pasamos allí nos dieron para conocer a fondo Taipei y el lado más agreste de un país tomado por la naturaleza: Taroko National Park, Hualien, Sun Moon Lake y Xinxu.
> Cosas imprescindibles que hacer en Asia
Con los pulmones llenos de aire puro volamos a Filipinas. La caótica y calurosa Manila nos dio la bienvenida a un país en el cual teníamos la firme intención de olvidarnos de una vez por todas de la ropa de abrigo y disfrutar de la playa en chanclas y ropa de tirantes. Y no nos decepcionó.
Tras Manila vino la isla de Caramoan, en la que rodaron la última edición del programa televisivo Survivor, después fue el turno de Dousol y el tiburón ballena (el cual no se dejó ver) y para el final dejamos el plato fuerte: la isla de Palawan. Sus playas vírgenes de agua cristalina recordaban al sur de Tailandia pero sin tanto turismo. Gran descubrimiento.
LLEGADA AL SUDESTE ASIÁTICO: EN TAILANDIA COMO EN CASA
Sin duda alguna, el gran redescubrimiento del viaje. Después de Filipinas era el turno de Tailandia. Tres años atrás había tenido la oportunidad de conocer durante poco más de 10 días este país y tengo que reconocer que la impresión que me llevé fue agridulce. La gente que conocí entonces no fue precisamente el culmen de la amabilidad y Bangkok me pareció caótica.
Tres años después solo puedo contar cosas maravillosas sobre este país. Aquí fue donde viajé sola por primera vez en mi vida durante dos semanas y encontré un hogar en Prachuap. En esta localidad sureña pude asistir a la ordenación de un monje busdista y al Makha Bucha, una de las festividades más populares del país.
> Celebrando el Makha Bucha en Tailandia
> El día que estuve en la ordenación de un monje budista
La visita al norte también fue especial debido, entre otras cosas, a Chiang Mai Express, Chiang Rai y Chiang Khon.
> Chiang Mai Express: Cómo conocer una ciudad de una manera diferente
LAOS: MI ASIGNATURA PENDIENTE
En mi anterior viaje por el Sudeste Asiático, Laos tuvo que quedarse fuera por falta de tiempo pero… dicen que lo bueno se hace esperar, ¿no? Las cuatro letras que componen el nombre de este fantástico país son sinónimos de armonía, belleza, calor y naturaleza salvaje.
Un trayecto en barco de dos días de duración desde la frontera con Tailandia nos llevó hasta Luang Prabang, una de las ciudades con más encanto de toda Asia. Tras una semana descansando, en la que nos contagiamos de su atmósfera, pusimos rumbo a la capital, Vientiam, no sin antes hacer una breve parada en la popular Vang Vieng.
Desde allí comenzamos a bajar hacia el centro para ver una de las maravillas naturales más exuberantes del viaje: la cueva de Konglor. Ya en el sur fue el turno de 4.000 island, una zona encantadora en la que poder disfrutar de largos paseos en bici, zumos de caña de azúcar y bungalows en la playa.
> Ceremonia de entrega de almas en Luang Prabang
> Vang Vieng, el lugar más controvertido de Laos
> Cueva de Konglor, el corazón salvaje de Laos
¿DÓNDE ESTOY AHORA?
Camboya, el país que me robó el corazón hace tres años vuelve a ser testigo de mis pasos. Antes de llegar, reconozco que tenía algo de miedo por no saber qué me iba a encontrar en esta ocasión. Sin embargo, conservo las misma impresiones acerca del carácter de su gente, que fue lo que verdaderamente me enamoró tiempo atrás. Son simplemente maravillosos.
A la calidez humana hay que añadirle un país que desborda historia por sus cuatro costados debido, en parte, a la dictadura vivida décadas atrás. En Phnom Penh se puede ver buena muestra de ello. Antes de llegar a Siem Reap y los templos de Angkor, estamos dando una pequeña vuelta por la costa camboyana. Ahora nos encontramos en Krong Koh Kong para hacer un trekking por la selva. Me despido por el momento con uno de los atardeceres más impresionantes vividos hasta la fecha.
Seguiremos informando…







































































































