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Moscu es una ciudad que desprende monumentalidad. La Plaza Roja con la Catedral de San Basilio, el Kremlin o el Mausoleo de Lenin no dejan indiferente

Moscú: visión personal de la capital de Rusia

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“My friends, ¿Taxi?” esas fueron las primeras palabras que escuchamos nada más aterrizar en Moscu y lo cierto es que se agradece cuando el reloj marca las doce de la noche y uno llega sin saber muy bien en qué punto de la ciudad está y cómo llegar al sitio donde tiene que dormir.

Con un día de retraso tras haber perdido el primer tren procedente de San Petersburgo, pusimos pié en Moscu, la capital del país en el que íbamos a pasar el siguiente mes de viaje haciendo realidad un sueño que tenía desde que conocí la existencia de un tren que atravesaba toda Rusia, de este a oeste, desde los tiempos del Zar Alejandro III: El Transiberiano.

Para muchos viajeros que se deciden por este mismo viaje, Moscu es el punto de inicio de la ruta, pero nosotros decidimos comenzar en San Petersburgo una semana atrás. Por tanto, el calendario marcaba 21 de noviembre, casi 22, segunda semana de viaje y el termómetro ya nos ofrecía un adelanto de lo que nos íbamos a encontrar días después en Siberia: ¡-10 grados! Qué calentitos estábamos en el tren, ¿no?, ¿por qué no ir directos a Vladivostok?

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Sophie, Gayla y Katerina, nuestras segundas couchsurfings en Rusia y en nuestra corta historia dentro de esta red social para viajeros, nos recibieron con los brazos abiertos pero con la legaña en el ojo y metidas en la cama. Ellas tenían que madrugar al día siguiente pero nosotros, por suerte, no. Aunque nuestra cama fuera un pequeño sofá, nos supo a gloria.

Después de dos días de dormir mal y poco en un pub de San Petersburgo y en el tren nocturno, necesitábamos un merecido descanso y por ellos nos olvidamos del despertador y de manera natural nos despertamos a las 12 de la mañana. Nos duchamos (¡Por fin!), desayunamos, consultamos internet, nos abrigamos y cámara en mano salimos a la calle a recorrer la ciudad.

Paseando por las calles de Moscu

Lo primero que nos encontramos fue el típico barrio moscovita de las afueras, similares a los salen en las películas del tipo Goodbye Lenin y que en Españoles por el mundo te dicen que no visites. Inmensos bloques de hormigón carentes de cualquier gusto artístico y sin demasiado espacio entre medias para jardines o lugares de recreo.

Aunque no sea el paisaje ideal ni el más bonito que uno puede contemplar en Rusia, puede que sí sea el más característico de una inmensa Moscu que es mucho más que el pequeño y céntrico resquicio turístico. A mí me gustó la experiencia y de hecho la recomiendo si se tiene tiempo para hacerse una idea más cercana de cuál es el tipo de vida que lleva un habitante de Moscu de nivel adquisitivo medio.

Tras varios minutos caminando, al fin encontramos una boca de metro para poder llegar hasta el centro, nuestro primer destino y el de todo aquel que va a Moscu: la Plaza Roja. No sé si le ocurre a todo el mundo pero, en mi caso, cuando contemplo por primera vez un lugar que he visto mil veces antes en fotos, una agradable sensación de excitación recorre mi cuerpo.

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Lo único decepcionante fue encontrarla parcialmente en obras porque, por lo demás, la Plaza Roja es como una pequeña cajita de muñecas, llena de sorpresas agradables. Empezando por la Catedral de San Basilio, continuando por la fachada de los Almacenes GUM, iluminada por cientos de bombillas navideñas, siguiendo por los ladrillos rojizos del edificio del Museo de Historia y terminando en el Mausoleo de Lenin, pegado a la inmensa fachada del impresionante Kremlin, el conjunto que engloba la mayoría de edificios en los que se deciden las cuestiones de estado ruso. Todos ellos forman un conjunto memorable.

Su visita no decepciona. El color rojo de sus fachadas tiñe de bermellón la retina de nuestros ojos durante el día y de un festival de colores durante la noche. La iluminación nocturna, al igual que ocurriera en la vecina San Petersburgo, es espectacular. La Catedral de San Basilio, motivo de inspiración de su hermana pequeña: la Iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada, es un verdadero espectáculo para los sentidos.

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Con la noche sobre nuestras cabezas y sin rumbo fijo, nos hicimos con un mapa de la ciudad con el fin de determinar un paseo a orillas del Moskva. Una buena opción es empezar el recorrido en el mamotrético edificio Kotelnicheskaya Embarkment desde el cual poder descender en dirección al Kremlin y a la Catedral de Cristo Salvador.

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Allí es fácil hacerse una idea fidedigna del enorme tráfico que soporta la ciudad a cualquier hora del día. Avenidas de varios carriles se entrecruzan bajo una constante sinfonía de cláxones de coches que circulan en uno y otro sentido. Si el tráfico es un caos, mejor no hablar de los pasos de cebra. Pocas ciudades en el mundo he visto tan mal pensadas para ser recorridas andando. Si eres peatón ¡estás perdido!

No son pocas las veces, y no sólo en Moscu, en las que hemos tenido que caminar más de diez minutos buscando un paso de cebra o uno subterráneo para poder cruzar al otro lado de la vía. Verlo para creerlo. Desde Edificio Kotelnicheskaya Embarkment hasta que llegamos al paseo que hay a orillas del Moskva si no tardamos 15 minutos y arriesgamos dos veces la vida cruzando a las bravas, no fue ninguna. Al menos tanto jaleo valió la pena.

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A los pies de la Catedral de Cristo Salvador, cerrada a esas horas, iniciamos el recorrido de vuelta hacia el centro para ver la calle en la que se encuentra algún que otro edificio importante como Pashkov House y La Opera de Moscu, y de paso tomar el metro en Arbatskaya y volver a “casa” para cenar con nuestras hosts e intercambiar experiencias de un nuevo día en Rusia.

Capítulo aparte merece el metro moscovita. Su conocida denominación como “Palacio del Pueblo” es bien merecida dada la extraordinaria belleza de alguna de sus estaciones como: Kievskaya, Arbatskaya, Komsomolskaya o Prospekt Mira. Si además tenemos en cuenta el precio por dos trayectos (56 rublos), la opción de moverse por la ciudad usando este medio de transporte es más que aconsejable.

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A la mañana siguiente comenzamos el segundo y último día en Moscu. Antes de comer aprovechamos para hacer algunas compras, volver a visitar en profundidad los sitios del día anterior y conocer la transitada calle Arbat.

Sin duda, la calle Arbat es la más comercial de toda la ciudad, donde se aglutinan la mayoría de tiendecitas de recuerdos para turistas, restaurantes de moda y algún que otro cantautor interpretando melodías dulces, las cuales se agradecen cuando el ambiente está a varios grados bajo cero.

De camino a la estación de Kievskaya vimos otro edificio enorme, muy típico y característico de la capital rusa, similar al Kotelnicheskaya Embarkment. En esta ocasión era el Ministerio de Comercio Exterior, ubicado de cara al pequeño distrito financiero moscovita. Formado por varios rascacielos, estos edificios ofrecen la cara más vanguardista de una ciudad anclada en tiempos pasados.

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Sobre las 18:00 horas habíamos quedado con Katerina para que imprimiésemos todos y cada uno de los tickets de tren que ya habíamos comprado vía internet desde España para poder hacer el Transiberiano sin sorpresas de última hora. Una vez más, la amabilidad rusa nos dejó sin palabras… Katerina no sólo nos ayudó a imprimir los tickets en lenguaje ruso sino que además nos regaló una bolsa inmensa con deliciosos chocolates típicos del país. De verdad que la calidad humana de algunas personas es innegable y nos están dejando con la boca abierta.

Con una sonrisa inmensa de gratitud en nuestros labios nos despedimos de Moscú, nuestra segunda parada en el viaje. Aunque la sensación de no haber visto todo lo que debiéramos afloraba en nuestros pensamientos, como ya he dicho en otras ocasiones, lo bueno y maravilloso de viajar es que siempre se puede volver. Siempre.

Próximas paradas: Kazán, Ekaterimburgo y Tomsk

3 Responses
  1. Visitado las mismas calles, visto los mismos edificios y compartiendo las impresiones. Por eso ésto me tiene superintrigado por saber en qué os habéis fijado vosotros. Verdad qe St Peterburgo y Moscú son tan diferentes qe no se pueden ni comparar?! Al menos yo no puedo. Cada una tiene su estilo, su belleza particular.
    No os habéis perdido por el metro? hehehe No hay NADA en inglés, todo en ruso.. ¡Entonces, me acordé de vosotros!

    1. Dimitry!! JAJAJAJA… más de una y dos veces nos perdimos por el metro pero como es tan bonito no importó tanto 🙂
      Lo cierto es que San Petersburgo y Moscú si parecen ciudades de un mismo país pero al mismo tiempo son muy diferentes entre sí. El rítmo de vida de la gente también me dio la impresión de que era distinto. La verdad es que ambas me gustaron mucho pero por cosas diferentes.
      Me encanta profundizar en la esencia de las ciudades mediante una buena charla. Espero que tengamos ocasión de hacerlo.
      Un abrazo fuerte!!!

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