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En las profundidades de Siberia está Irkutsk, puerta de entrada al lago Baikal. Irkutsk es perfecta para ver el espíritu de la Rusia auténtica e ir al circo

Recorriendo Siberia en invierno. Irkutsk, la Rusia auténtica

Irkutsk

Mi reloj marcaba las 06:30, hora de llegada a nuestra siguiente parada en el camino hacia Vladivostok: Irkutsk. Para nosotros Irkutsk era sinónimo de descanso, kit-kat, paréntesis. Por unos días abandonábamos los trenes de tercera clase y nos sumergíamos de lleno en el conocimiento de Siberia, más concretamente del lago Baikal, situado a apenas 60 km de Irkutsk y uno de los platos fuertes del Transiberiano.

Una llegada ajetreada

La ciudad no quiso darnos una cálida bienvenida. El frío atravesaba nuestros abrigos, sudaderas y camisetas térmicas llegando hasta los huesos. Una intensa niebla le confería a la ciudad un aspecto interesante y diferente. Un escenario típico de película se desplegaba ante nosotros. Sin embargo, el tener que cargar durante casi cuatro horas con las mochilas a cuestas en busca del Consulado Chino para solicitar la visa de entrada al país, terminó con nuestras pocas energías, paciencia y erradicó cualquier posible encanto que pudiéramos haberle visto a la ciudad. Sin visado (sólo disponible para ciudadanos rusos) y con un humor de perros, decidimos coger un taxi para que nos llevara hasta la casa en la que habíamos reservado una habitación para dormir.

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Con más cara que espalda, el taxista nos llevó hasta un cruce donde supuestamente se encontraba el hotel. Nos dijo que torciéramos la calle y que ahí encontraríamos la entrada al establecimiento. Sin embargo, para nuestra desesperación allí no había nada de nada… 300 rublos tirados a la basura. Sin saber muy bien para donde tirar, la fortuna de nuevo nos puso en el camino a Aptem, un apuesto chico ruso que sin mediar palabra nos llevó hasta el autobús que teníamos que coger, nos acompañó hasta la parada en la que teníamos que bajarnos y nos pagó los dos tickets de viaje. Una vez más, alucinamos con la humanidad de algunos rusos y sus excelentes modales.

Congelados, hambrientos y algo cabreados, por fin llegamos a Travelhome. Ludmila, la que más tarde se convertiría en nuestra “madre rusa”, nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja y nos ofreció un té para calentarnos. La habitación en la que dormimos era una de las tres que tenía la casa. Por lo que el cuarto de baño y la cocina se compartían con los dueños.

Esa tarde aprovechamos para descansar, entrar en calor y recargar pilas para el día siguiente, ya que Ludmila nos tenía preparado una visita guiada por la zona histórica de la ciudad. El día amaneció muy nublado y frío. Domingo y no había ni un solo alma por la calle. Si hubiese tenido más días para hacer turismo, yo tampoco hubiese salido de casa.

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Historia de Irkutsk

Indagando en la historia de la ciudad descubrí que durante el siglo XIX Irkutsk se convirtió en el principal centro de la vida intelectual y social de artistas rusos, oficiales y aristócratas exiliados enviados a Siberia a causa de su participación en la rebelión de Diciembre contra el Zar Nicolás I de Rusia. Cuando se recorre la ciudad uno se da cuenta que a parte de varios edificios construidos en recuerdo de la II Guerra Mundial, también hay una pequeña muestra de pintorescas casas construidas en madera, similares a las que días antes habíamos visto en Tomsk.

Dichas casas en las que habitaron los ciudadanos rusos exiliados fueron construidas sobre placas de hielo y debido al calor generado con el paso de los años, actualmente sus cimientos se hunden en la tierra dando lugar a construcciones inclinadas. El 4 y 6 de julio de 1879 se produjo un incendio que redujo a cenizas una gran parte de la ciudad, que contaba entonces cerca de 33 000 habitantes. El gobernador obligó entonces a los habitantes a reconstruir sus casas de piedra.

Visita a un circo ruso y fin de la función

En Irkutsk fuimos conscientes que tan sólo nos quedaba una semana para terminar el transiberiano y abandonar el país camino de Corea del Sur y nos entraron las prisas por experimentar dos de las actividades con mayor tradición en Rusia y que siempre se han asociado a este país, con mayor o menor acierto: comer un filete ruso (buenísimos, por cierto) e ir al circo.

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Desde pequeño uno escucha hablar del circo ruso, de sus actuaciones, de la calidad de sus acróbatas… por lo que compramos los segundos billetes más económicos que había (500 rublos por cabeza) y a las 17 horas de esa misma tarde nos sentamos en lo alto del graderío con la misma expectación que podía tener cualquier otro niño de los que había a nuestro alrededor. La función duró dos horas y media y en términos generales puedo afirmar que el espectáculo se pareció mucho al ofrecido por cualquier otro circo español.  Sí es cierto que dos de las actuaciones se salieron de lo común: el canguro boxeador y las amazonas, un grupo de tres chicas que hacían auténticas maravillas a lomos de sus caballos.

Después del circo volvimos a “casa” y para nuestra sorpresa, Ludmila había preparado una cena espectacular para celebrar su cumpleaños. En cuestión de cinco minutos nos pusimos nuestras mejores galas y nos sentamos a la mesa para probar el tefteli, unas bolas de carne picada y arroz deliciosas, muy parecidas a las albóndigas españolas. De postre hizo una tarta casera con una pinta excelente y mejor sabor. Me entran ganas de comer con solo recordarla.

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Tras una preciosa velada en la que compartimos experiencias viajeras y en que gracias al calor y generosidad de este matrimonio nos sentimos como si estuviéramos en casa (ella nos dijo que habíamos sido un regalo caído del cielo), nos fuimos a dormir ya que a la mañana siguiente, por fin, llegaríamos al lago Baikal, uno de los MUST en cualquier ruta transiberiana pero con poca información acerca de cómo es el lago durante el período invernal.

¿Qué nos depararía nuestro próximo destino?, ¿mucho frío?, ¿paisajes alucinantes?… todas las respuetas a estas preguntas en el próximo post, ¡No te lo pierdas!

Próxima parada: El Lago Baikal


Hola! Soy Patricia, fácilmente me podrás encontrar de ruta por Noruega, haciendo fotos en Seúl o comiendo paella en Ibiza. He viajado a casi 50 países y tachado de la lista algunas aventuras épicas que siempre quise vivir.

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About the author

Con más de 6 años de experiencia blogueando, Patricia GM es la autora de Escribe cuando llegues. Un blog en el que habla sobre los más de 40 países que ha visitado, las 4 países en los que ha vivido y su manera de recorrerlos: en coche, en tren, en furgoneta, durante días, semanas o meses alrededor del mundo. Sigue leyendo →
3 Responses
    1. Dimitry,
      No te preocupes que dentro de poco llegará el To be continued… con el lago Baikal. Un lugar increíble al que tienes que ir.
      A partir de ahora a los taxistas les pedimos que nos dejen en la puerta 😉
      Besotes

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